Texto de sala


ÁNGEL FERRANT Y XAVIER VIDAL DE LLOBATERA

La amistad infinita

“La escultura es un agujero por el que se ven mundos infinitos”

Ángel Ferrant

 

La amistad infinita es una exposición comisariada por Glòria Bosch y Susanna Portell que rinde homenaje al escultor y profesor Ángel Ferrant (Madrid, 1890-1961). A partir de las cartas que este artista intercambió con el abogado Xavier Vidal de Llobatera entre 1946 y 1961, la muestra ofrece un recorrido por el universo de afinidades personales y creativas de Ferrant, con mención, asimismo, de sus reivindicaciones en un contexto de posguerra y dictadura.

Esta exposición subraya el papel fundamental que jugó Ferrant en las vanguardias catalanas. Además, pone de relieve la formación que impartió a los artistas del periodo de preguerra y el apoyo incondicional que su entorno más íntimo le ofreció durante la posguerra, a pesar de los problemas que tuvo debido a la gramática reivindicativa de su arte y a un estilo pedagógico propio. También permite descubrir su extraordinaria personalidad, muy apreciada y marcada por un generoso sentido de la amistad.

Ángel Ferrant nació en el seno de una familia de artistas y recibió formación directamente de su padre, Alejandro Ferrant ?reconocido pintor y acuarelista de mediados del siglo xix?, y del escultor coetáneo Aniceto Marinas. Consolidó su formación en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en la Escuela de Artes y Oficios, donde en 1940 llegaría a ocupar la cátedra de Modelaje tras haber ejercido de profesor en escuelas de diferentes ciudades del territorio durante más de dos décadas.

Por su parte, Xavier Vidal de Llobatera (Llagostera, 1894 - Barcelona, 1963) fue uno de los fundadores ?junto con Joan Prats y Víctor M. de Imbert? del Club 49, asociación creada en 1949 para promover la vanguardia. Personalidad ilustre, se entregó a la causa artística y cultural apasionadamente. Fue el primer coleccionista en adquirir una obra de Tàpies, Composició (Composición, 1947), pieza que forma parte del fondo del MACBA y que ahora podemos ver expuesta en esta sala.

La relación de Ferrant con Barcelona se remonta a 1920, cuando se trasladó allí para dar clases en la Escola Llotja, etapa que duró hasta 1934. La vinculación y admiración que sentía por la ciudad eran conocidas y notables. Según el crítico de arte Santos Torroella, Ferrant se refirió a Barcelona como un “paraíso perdido” cuando tuvo que regresar a Madrid. Fue, en parte, gracias a la amistad con artistas comprometidos residentes en la capital catalana que el escultor pudo desarrollar con brío su propio lenguaje: moderno, con una destacada síntesis de las líneas y en busca del concepto de movimiento.

Ya al principio de su carrera cuestionaba el canon de arte clásico. Aunque encontró inspiración en el arte mediterráneo y arcaico, también bebió de artistas innovadores de la época, como Brancusi, Gargallo, Picasso, Giacometti i Julio González.

Su particular concepción del arte lo llevó, con el tiempo, a elaborar una propuesta innovadora, la escultura móvil, que buscaba la asociación entre las formas y los objetos del mundo, la naturaleza o el hombre. Una conocida frase suya condensa tal pensamiento: “Todo se parece a algo.” Este dicho se convirtió en el punto de partida de las reconocidas y galardonadas Esculturas infinitas, realizadas durante su última etapa vital. En movimiento, estas formas están en constante transformación.

El título de la muestra, La amistad infinita, es una simbiosis entre el acento que el propio creador y su entorno ponían en las relaciones de amistad, ya fuesen entre artistas, estudiantes u otras figuras del ambiente cultural, y el carácter infinito que Ferrant otorgaba a las Esculturas infinitas, máximas representantes del momento cumbre de su trayectoria, que lamentablemente coincidió con una grave enfermedad.

A lo largo del recorrido nos acompañan pinturas, dibujos, documentación escrita y audiovisual y publicaciones que nos remiten a varios artistas coetáneos del escultor ?Tàpies, Tharrats, Cuixart, Granyer, Bolumar, Villèlia y Subirachs, entre otros?, así como a estudiantes de Ferrant con quienes trabaría una intensa amistad, como por ejemplo Eudald Serra, Jaume Sans y Ramon Marinel·lo, sin olvidar los Imbert, a quienes consideraba su segunda familia.

Una muestra para descubrir el universo de relaciones de uno de los máximos representantes del arte de vanguardia en el estado, en una época de restricciones a la innovación artística e intelectual.