ESPE PONS
— Bajo la luz del mar
“El arte contemporáneo nos resulta necesario cuando tenemos tendencia al olvido.”
Vicenç Altaió
Sala La Xemeneia
La presente exposición, Bajo la luz del mar, es un ensayo fotográfico que documenta los últimos tiempos de la vida de Tomàs Pons Albesa ?hermano menor del abuelo de la artista? en la Barcelona de posguerra. Y a la vez es un homenaje in memoriam que dignifica a Tomàs y a las víctimas que sufrieron la represión de un régimen dictatorial.
Espe Pons (Barcelona, 1973) es una fotógrafa con una larga trayectoria profesional. A los catorce años se aficionó a la cámara, y desde entonces no ha dejado de perseguir, siempre con pasión, la captura de imágenes. Desde los años noventa expone regularmente en galerías y ferias de arte nacional e internacional de prestigio, y recientemente ha realizado una residencia artística en Pequín junto a Jordi Jové.
Tomàs Pons Albesa, nacido en Barcelona el 15 de abril de 1910, era el pequeño de tres hermanos. Desde muy joven se entregó a la causa republicana, y luchó en Madrid y en Teruel durante la Guerra Civil. En los primeros años de la dictadura formó parte del clandestino Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y fue secretario general del Socorro Rojo de Cataluña ?organización de ayuda a presos y refugiados comunistas y sus familiares.
En 1940 fue detenido junto a unas cincuenta personas más y conducido a la Jefatura Superior de Policía de Cataluña en Barcelona, donde fue torturado. De ahí lo trasladaron a la cárcel Modelo, lo que marcó el inicio de una etapa muy dolorosa y bastante desconocida hasta que en 2018 Espe Pons decidió investigarla.
Cuando casi eran las cuatro de la madrugada del 14 de mayo de 1941, Tomàs escribió dos cartas desde la celda número 447 en las que se despedía de su familia, pues sabía que a las pocas horas iba a ser ejecutado. Tenía 31 años y llevaba un año y tres meses encarcelado. De esas misivas tan emotivas se desprende un carácter afectuoso, generoso y valiente; el de un hombre que luchó hasta el final por sus ideales y por la libertad.
Casi ochenta años después, Espe Pons se fijó en la documentación de Tomàs que conservaban en su casa, y así se embarcó en una intensa investigación a partir de los escasos datos de los que disponía.
A fin de ir tejiendo la historia de Tomàs, visitó y fotografió varios espacios: el Archivo Nacional de Cataluña, el archivo del Tribunal Militar Tercer, el Registro Civil, el Archivo Municipal Contemporáneo, La Modelo, el parque del Camp de la Bota, la Jefatura Superior de Policía de Cataluña, el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, el Col·legi de Metges de Barcelona y el Fossar de la Pedrera, entre otros.
Para adentrarse en el ambiente de posguerra, Espe Pons retrató lugares en los que aún hoy vemos la huella de las batallas; estampas que transmiten un aterrador sentimiento de vacío pero que, de un modo abstracto, nos hacen llegar también unos sonidos espeluznantes. El refugio antiaéreo 307, al subsuelo del barrio de Poble-sec; la fachada tiroteada de la iglesia de Sant Felip Neri, y las trincheras de la localidad de Rodén (Zaragoza) son ejemplos de ello.
Al mismo tiempo, Espe Pons nos acerca poco a poco a la vida de Tomàs; por ejemplo, la imagen nocturna de una tímida luna creciente entre unas ramas se realizó en la calle Rec Comtal del barrio de la Ribera, donde vivió los últimos tiempos junto a su hermana Teresa.
A continuación el reportaje se centra en los últimos meses de vida de Tomàs Pons, y parte de dos imágenes: una, del mar que tanto amana y la otra, del cielo, símbolo de libertad. Ambas fueron tomadas de madrugada en el terreno que antes ocupaba el Camp de la Bota (al lado del actual parque del Fòrum).
Su paredón fue testigo de numerosos fusilamientos: allí se ejecutó a unos 1.700 presos políticos entre 1932 y 1952. hoy, aquel muro yace en el fondo del mar, y por ello el título de la muestra simboliza una caricia que ilumina la penumbra hundida: Bajo la luz del mar.
Varias fotografías reconstruyen el final de la trayectoria de Tomàs, al tiempo que representan un capítulo doloroso de nuestra memoria histórica: las puertas entornadas de la comisaria donde se tomó declaración, una notificación firmada en circunstancias desconocidas, una lúgubre escalera hacia un sótano del que llegaban gritos de dolor, la puerta de la celda y sus angustiosas cuatro paredes, y listas interminables de nombres y apellidos de personas cuya vida les fue arrebatada.
El recorrido culmina con estampas del Fossar de la Pedrera (cementerio de Montjuïc), que solía ser el destino de las almas tras las ejecuciones. Hoy, sin embargo, es un paisaje que rememora a Tomàs y a tantas otras víctimas. Un recuerdo que descansa arropado por la naturaleza y rodeado del vuelo libre de los pájaros.