Texto de sala


JESÚS DE VILALLONGA

— Vilallonga, el ojo interior

“Entre la angustia y la exaltación, trabajaba dentro de un mundo propio y personal. Todo lo observaba con libertad y humor cándido, con una mirada llena de fantasía y alegorías.” 

Marta de Vilallonga

 

La muestra Vilallonga, el ojo interior desea recuperar y homenajear la trayectoria de Jesús de Vilallonga (1927-2018), nacido en el seno de una familia de terratenientes de La Selva (Girona) y que se convirtió en uno de los artistas más singulares del arte catalán de la segunda mitad del siglo xx.

El gusto por las artes era común en su ambiente familiar, en el que la presencia de pintores y poetas era frecuente. Pese a haber iniciado los estudios de Arquitectura en Barcelona, al cabo de unos años los abandonó para dedicarse plenamente a la pintura.

Vilallonga recibió formación en el taller del pintor Ramon Rogent (1920-1958), donde conoció a Joan Ponç (1927-1984) —artista y miembro fundador del grupo artístico de vanguardia Dau al Set—, y también en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Prosiguió sus estudios en Francia, en la École des beaux-arts de París, y en Roma, donde aprendió la técnica pictórica del temple al huevo. En 1954 marchó a Quebec, donde, contratado por la Dominion Gallery de Montreal, vivió alrededor de treinta años.

Es por este último motivo que creó gran parte de su obra en Canadá, país donde recibió los encargos más importantes, por ejemplo el mural Retrato imaginario de 24 genios universales de hoy (1981), propiedad de la Concordia University de Montreal y expuesto en el auditorio del Visual Arts Complex. El filme que encontraremos en la exposición, producido por Robert Desrosiers, muestra el proceso de restauración de dicha obra.

Pese a residir en el extranjero, Vilallonga nunca dejó de lado sus raíces y regresaba periódicamente a su amado Cadaqués, donde reencontraba a amigos y donde los aires mediterráneos enriquecían de nuevo su inspiración. El reconocimiento por parte de los suyos llegaría en 2015. El municipio que lo vio nacer, Santa Coloma de Farners (Girona), le rindió homenaje con una importante exposición antológica en el Museu Casa de la Paraula, posterior a la que ya se celebró en el año 2000 en la ciudad de Thousand Oaks (California).

Hoy es la Fundació Vila Casas quien acoge en los Espais Volart la última retrospectiva, Vilallonga, el ojo interior, que incluye un número importante de obras, entre pinturas, dibujos, escultura y grabados, representativas de las diferentes etapas, temáticas e influencias de su trayectoria.

Recordado por su hija Marta Vilallonga —comisaria de la muestra— como una persona meticulosa y constante, su arte fluctuaba entre varios estilos: abstracción, surrealismo, simbolismo y expresionismo, entre otros. Aunque dominaba muchas técnicas distintas, la comisaria destaca aquellas que considera fundamentales: temple al huevo, fresco, serigrafía, cerámica, collage, pintura acrílica y escultura, algunas de las cuales podemos apreciar en esta muestra.

En palabras del historiador y crítico de arte Daniel Giralt-Miracle, “Vilallonga no fue un pintor catalogable. Trabajaba con ‘el ojo interior’ —que Freud describió como el más profundo y el más inteligente—, lo cual le permitió construir un mundo indiscutiblemente personal”. En esto coincide con Luis de Moura, profesor de la Universidad de Montreal y profundo conocedor de la obra de Vilallonga, que concluyó: “Resumiendo, Vilallonga es de los que, durante la segunda mitad del siglo xx, optan deliberadamente por la figuración y siguen creyendo en el poder liberador de la imaginación.”