Esther Boix i Pons (Llers, Girona, 1927-Anglès, Girona, 2014) es un ejemplo de lucha y superación. Empezó su camino en el mundo del arte con una pintura dura y oscura, reflejo de una sociedad inmersa en la miseria de los años de la posguerra: interiores humildes, hambre y vacío existencial. Tras un viaje a París y –sobre todo– una estancia en Milán, su pintura da un giro copernicano, igual que su mirada del mundo, mucho más abierta y vitalista.
Comprometida con la transformación social, entiende la pintura como un instrumento de reivindicación de los derechos y las libertades individuales y colectivas, participando en iniciativas como, por ejemplo, Estampa Popular Catalana y en la lucha antifranquista. Paralelamente, desarrolla una intensa labor pedagógica como miembro fundadora de la Escola d’Expressió L’ARC, donde formó a generaciones de jóvenes poniendo el arte al servicio de las personas.
A partir de finales de los años setenta, su obra se orienta hacia el paisaje, con una fuerte conciencia ecológica, hasta llegar a una etapa de plenitud lírica donde naturaleza y ser humano se funden. La exposición, que se celebra a las puertas de su centenario, es la primera gran muestra retrospectiva dedicada a la artista y la primera que se celebra en Catalunya desde el año 2007.
Bernat Puigdollers, comisario de la exposición
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