Jordi Martoranno se formó en la Facultat de Belles Arts de la Universitat de Barcelona y ha realizado residencias artísticas en numerosos países. Durante la primera década del 2000 su obra reflejaba un interés por las relaciones y conexiones del ser humano con la naturaleza y el cosmos. Atento a las referencias de pensadores tanto antiguos como contemporáneos, actualmente su obra ha dirigido la mirada hacia la antropología semiótica para investigar, mediante la pintura, cómo y desde dónde se generan los símbolos y su evolución en nuestra cultura.
Marzo-Mart ha encontrado en el grabado el medio idóneo para definir y perfilar la poética que se desprende de las asociaciones simbólicas que habitan su obra, así como para ejecutar un sinfín de miniaturas que concentran en un mínimo espacio los elementos básicos de su expresión. Mediante un lenguaje simbólico, su obra polariza y expresa la relación entre el hombre y la naturaleza, el macrocosmos y el microcosmos.
El punto de partida de la obra de Gerard Mas es la escultura clásica, pero dota a los personajes de su mundo creativo de actitudes grotescas. Cortesanas de expresión burlesca, un niño que cabalga un cerdo mastodóntico, o un hombre con una gallina sobre la cabeza son figuras que amalgaman ironía, tradición, contemporaneidad; pequeños poemas visuales capaces de transformar en anécdota la realidad más cotidiana.
Ramón Masats es uno de los protagonistas del reportaje documental de los años sesenta que revolucionó la estética fotográfica y rompió con los estereotipos que imperaban en la prensa española de los cincuenta. Supo captar la esencia de una época con la célebre imagen de unos seminaristas jugando al fútbol, primera fotografía española adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Durante más de una década se dedicó a la realización cinematográfica y televisiva, y cuando retomó la imagen fija topó con la transición del blanco y negro al color, al que se adaptó con total normalidad. En 2004 fue galardonado con el Premio Nacional de Fotografía.
Seducido por el dilatado abanico de posibilidades que ofrece el trabajo con materiales como el bronce o el hierro, y posteriormente la resina o la piedra, Xavier Mascaró decidió alejarse de su formación inicial como pintor. Estos componentes otorgan a sus creaciones totémicas y tridimensionales un carácter inquietante y inducen, a su vez, al espectador a reflexionar sobre la memoria y la tradición.
Licenciada en bellas artes por la Universidad de Girona, Lídia Masllorens compagina carrera artística con la docencia de dibujo. Centrada en el uso de grandes superficies que parecen envolver la estancia, su pintura tiene una intención claramente comunicativa, como si se tratara de grandes murales vindicativos, con el objetivo de traducir emociones de modo inmediato. Esta necesidad de fugacidad le ha llevado a sustituir los pinceles por las manos, transportadoras directas de las turbaciones instaladas en su interior y que se plasman sobre el papel de forma pura y libre de maquillajes y posturas artificiales, rostros de dimensiones colosales que le obligan a la vez a crear una danza que se dispersa en el aire y queda plasmada en el acto pictórico.
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